martes, 26 de agosto de 2014

Te extraño.

Estaba tan ocupada por mi futuro: pasar un examen para llegar hasta aquí sin comprender que no importaba cuanto estudiaba porque lo que preguntaban era todo lo que ya sabía. Y no había podido decirlo. Poder decirte que te extraño y siempre lo he hecho. Siempre lo hice desde la última vez que te vi y todos los días lo hago. Porque la costumbre es el arma que me ha destrozado por dentro, es tu arma más poderosa.
Hubiera podido no alejarme de ti y aún así pasar el examen. Pero no confiaba en mi, estaba insegura de mi. Es algo de lo que no estoy orgullosa. 

Destino.

Y cada que pensaba en el amor, cada vez que pensaba en eso, sólo me llegaba la imagen de él sonriendo. 
Tenía una lista de las cosas que debería tener mi chico perfecto: 
-Sea güero. 
- Tenga los ojos azules como el cielo. 
- Sea ingeniero o médico. 
- Tenga maestrías y doctorados. 
- O que sea neurólogo. 
- Que gane bien. 
- Sea perfecto.   
- Sea alto. 
-Sea Rubio. 
- Que tenga bonita nariz.
- Bonitos dientes. (Derechos)
- Sistema óseo estético. 
- Sepa tocar instrumentos.
- Sepa cantar. 
- Sea detallista, sincero, caballeroso, fiel, admirable, talentoso, exitoso, humilde y a la vez audaz. 
- Activo, romántico y respetuoso, paciente y hermoso de alma. 
- Sea poeta de noche y de día. 

En fin un sin fin de cosas más. 

De la nada apareció él, que coincidencia la mía, él no tenía ni una sola cosa de la lista, pero el tenía lo más importante: él me tenía a mi. 

Es real, es de carne y hueso y al parecer sí me quiere, la verdad no confió en nadie cuando me dice cosas lindas y sé que todo tiene un principio y un final. 
Decidí no aceptar ese destino, del que habrá un final, sino adaptarme al presente: amarlo con locura en este momento sin mirar adelante o hacia atrás.