Hoy estaba sentada en el metro y traía unas papas fritas, a mi lado izquierdo había un señor con papas adobadas y a mi derecha un señor sin nada.
Cordialmente le ofrecí una papa.
- Gusta una señor?
El señor muy amablemente asentó la cabeza y dijo:
- No mija, muchas gracias.
Y empezó todo.
- Eres buena.
Me dijo.
Yo asenté la cabeza y sonreí.
- Muchas gracias - le dije.
- Yo soy como tú, una persona buena y no cualquiera en estos tiempos lo hacen.
- Tienes que aprender que la vida es algo que siempre va a pasar, la felicidad es fugaz, la tristeza también.
- Hoy falleció un maestro mío. (Era el día del maestro.) - le dije con la voz cortante.
- Que decepción, Dios sabe que fue un buen maestro por eso hoy le tocó partir. ¿Sabes por qué cuando me dijiste "Se murió mi maestro" lo dijiste triste.?
Porque las personas que marcaron nuestra vida son pedacitos de nosotros, estamos conformados por pedacitos de ellos y ahora tú haz perdido un pedacito de ti.
- Me quede anonadada, sin habla con los ojos llorosos.-
- Es verdad, debes decirle a los hijos de tu maestro lo especial que fue para ti.- dijo.
Cordialmente le ofrecí una papa, él me ofreció las palabras perfectas.